La Casa de La Verna fue mucho más que un lugar para san Francisco de Asís. En el silencio de esta montaña vivió algunos de los momentos más profundos de su vida espiritual. Allí, en los últimos años de su existencia, hizo una síntesis de su camino con Dios y dejó plasmado su legado más íntimo en el Testamento, una invitación permanente a vivir el Evangelio con sencillez, fraternidad y fidelidad.

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